Domingo 19 junio del 2022

“Denles ustedes de comer” - Señor,

¿qué quisiste decir con eso?

Por David Renderos

La fiesta que celebramos hoy nos recuerda la institución de la Eucaristía durante el Jueves Santo, pero la procesión, tal como la conocemos hoy, se remonta al siglo XIII. Deberíamos darnos cuenta de que la Eucaristía es la acción más importante de nuestra vida, después del Bautismo, porque es la comida compartida para que todos saciemos el hambre y la sed. En ella encontramos las fuerzas necesarias para el camino. Nos sentimos acompañados porque Él está dentro de nosotros, nos hace sagrarios vivientes.

En la Eucaristía, nos hacemos responsables de ser solidarios con los demás hermanos, sean creyentes o no. Compartir y vivir la fe con la comunidad para ser testimonio de que el mejor alimento que tenemos es la Eucaristía.

Siempre, y de forma especial en estos tiempos de crisis, la Eucaristía debe llevarnos a trabajar por el bien común, por compartir nuestro tiempo y nuestros bienes con aquellos que carecen de lo más elemental, trabajo, comida y vivienda. Muchos habremos acompañado la procesión del Corpus, pero esta acción estará vacía de contenido si después nos olvidamos de acompañar a los más necesitados: aquellos que viven la enfermedad, la soledad de la ancianidad, el maltrato en sus más variadas formas y todo lo expuesto anteriormente.

En el Evangelio se nos dice hoy: “Denles ustedes de comer”, por lo tanto, si somos realmente coherentes con nuestra fe, si somos seguidores de Cristo resucitado, tenemos que, al igual que al muchacho del Evangelio, hacer que los cestos rebosen de abundancia y nadie quede sin alimento, así demostraremos que amamos al prójimo al estilo de Jesús.

La celebración de la Eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quienes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la “zona de confort” que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.

Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.

Este texto es una muestra de la enorme misericordia y amor del Señor para con nosotros. Muchas veces deseamos estar solos, pero ante las necesidades de los demás, nuestro deseo, nuestro llamado cambia y lo hacemos con tanto gusto que no nos damos cuenta y actuamos. Ante aquellos que lo necesitan por cualquier circunstancia y a pesar de mi cansancio o intereses, ¿Soy misericordioso y busco ayudar, voy a ellos a satisfacer sus necesidades para que estén en mejores condiciones, así como nos lo enseña nuestro Señor? Es cierto que hay muchas situaciones muy difíciles donde es muy necesario orar, desde el corazón, con fe, con amor. ¿Sigo el ejemplo de fe que el Señor me ha enseñado y me ha dejado?


Siguiendo el mensaje de este texto, ¿Cuál es tu meditación, tu reflexión personal?

San Oscar Romero, en su homilía de la Fiesta de Corpus Christi, el 12 de junio de 1977, decía:

“Es la hora del desagravio; y por eso quisiera solamente, para llamar la atención de esta reflexión, fijarme en el aspecto reparador, de desagravio, que la misma Eucaristía contiene; porque esto es lo maravilloso, que, para pedirle perdón a ese Cristo, ultrajado, no tenemos otra palabra que su misma Eucaristía. Somos capaces de ultrajarlo, pero ningún humano puede decir la palabra adecuada de desagravio, si el mismo Cristo no nos la pone en nuestros labios, en nuestro corazón, en nuestras manos. ¡Qué bueno es el Señor! Ofendido, nos señala la manera de perdonarnos. Ofendido -e incapaces de reconciliación- ofrece su propio cuerpo y su propia sangre, porque es la única que puede dar satisfacción al ultraje brutal que los hombres podemos hacerle, pero que ninguno puede reparar. Por eso pensó Él con su amor que no tiene nombre, un amor de locura, sabiendo cómo le íbamos a tratar, dejarnos ya, preparado el homenaje que le puede a Él reparar.

De modo que esta ceremonia no sea un acto esporádico. Yo les diría, hermanos: iniciemos una campaña de reparación; es decir, démosle a nuestro dolor, a nuestra pobreza, a nuestro sufrimiento, a nuestro trabajo por la dignidad humana, al cumplimiento de nuestro deber, a nuestra lucha por construir una Iglesia más bella, a nuestra legítima aspiración por una patria más digna, un sentido de reparación... todo por ti, Sacratísimo Corazón de Jesús.”

En la comunión con Jesús, nos acercamos como pobres, con la mano tendida, tomamos el Pan de la vida, haciendo un acto de fe, acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu, que se multipliquen en mis las buenas obras en el quehacer cotidiano y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, primera y maravillosa Custodia portadora del Cuerpo de Cristo, cuida de nosotros tus hijos, los hermanos de tu Hijo Jesús. Amen.


Por David Renderos

Domingo 19 de Junio del 2022