Domingo 05 de junio del 2022

¡Envía tu Espíritu, Señor, ¡y renueva la faz de la tierra!

Juan (20,19-23)

Por Hugo Silva

El Evangelio de este domingo coloca a Jesús en el cenáculo, en la noche de Pascua, en Jerusalén. En donde mas de dos mil años el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en la “habitación de arriba” donde estaban reunidos.

Fue en el cenáculo precisamente que Jesús "sopló sobre ellos y les dijo: 'Recibid el Espíritu Santo'". Si nos referimos al libro del Génesis podemos comentar que este soplo de Jesús recuerda la acción de Dios que, en la creación: "formó al hombre del barro de la tierra y sopló en sus narices aliento de vida, y así el hombre se convirtió en un ser viviente» (Génesis 2, 7). Con este gesto Jesús indica que el Espíritu Santo es el soplo divino que da vida a toda la creación y que sigue constantemente renovando y creando en el universo entero. El mismo salmo responsorial de este día, refuerza este poder renovador y creador del Espíritu Santo, y dice: "Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya.”

El Espíritu Santo es creador de toda la creación y no tiene límites de acción. No hay lugar ni tiempo sin su presencia. Tomás de Aquino dice que: "Toda verdad, por quienquiera que sea dicha viene del Espíritu Santo".

¡El don del Espíritu Santo hizo a los discípulos valientes, capaces de proclamar la pasión, muerte y resurrección de Cristo! Los discípulos proclamaron el Kerigma; sustantivo, derivado del griego keryssein, que significa ‘anuncio’. ¡El anuncio de las buenas nuevas! El Espíritu Santo les dio el poder para proclamar la verdad, la palabra que da vida y que renueva todo.

La primera lectura nos relata que el Espíritu Santo desciende en forma de lenguas de fuego. Nos ofrece una imagen muy significativa, representa la luz que ilumina nuestras conciencias, nuestras mentes y nos capacita para acoger el anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Es el mismo Espíritu Santo quien prepara cada uno de nuestros corazones para introducirnos en una relación de amor con Dios y con todos los que nos rodean, incluyendo con nuestros enemigos, con los que nos desean el mal, a través del perdón y la misericordia.

Este domingo y todos los días de nuestras vidas, aclamemos al Espíritu Santo para que envíe su aliento sobre cada uno de nosotros, para que podamos ser campos fértiles para crear dialogo y reconciliación, más allá de los conflictos y las divisiones.

Hermanos, es El Espíritu Santo quien transforma todo el caos que existe en la creación, por la acción del pecado, en cosmos. Es el Espíritu Santo quien hace del caos y lo convierte en algo hermoso y ordenado. ¡Cosmos viene de la misma raíz griega, cosmético y que significa hermoso! Y también está asociada con la palabra griega Homero que significa “ordenado”.

Es importante comprender y explicar las acciones del Espíritu Santo, sin embargo, lo verdaderamente importante en nuestras vidas es experimentar su acción creadora, unificadora y renovadora.

Para comprenderlo mejor, leamos el relato de la creación: “En el principio creo Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Génesis 1:1-2). Este texto del libro del Génesis, nos revela que el universo ya existía en el momento en que intervino el Espíritu de Dios, pero era caos, confuso y oscuro. Y es exactamente después de la acción del Espíritu Santo que la creación es transformada, la luz se separa de la oscuridad, al conjunto de aguas se les llamó mares y a lo seco tierra, y todo toma una forma definida. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien.


El Espíritu Santo tiene un rol muy importante en nuestras vidas; el Papa Francisco lo ha mencionado en varias ocasiones: “una vida cristiana que no reserva espacio para el Espíritu Santo ni se deja guiar por Él “es una vida pagana, disfrazada de cristiana”.


El Santo Padre nos exhorta a vivir una vida en el Espíritu Santo, el dice: “que no podemos ser cristianos sin caminar con el Espíritu Santo, sin actuar con el Espíritu Santo, sin dejar que el Espíritu Santo sea el protagonista de nuestras vidas” y de la sociedad en los pueblos.


¿Pero realmente el Espíritu Santo siempre esta con nosotros? La respuesta es sí. Podemos encontrar una referencia a la obra constante del Espíritu Santo en la evolución del orden social del mundo en Gaudium et Spes", 26: “El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución”.

Estamos viviendo momentos que son caóticos en el ámbito moral, social, político y religioso. Tenemos una gran necesidad de la fuerza renovadora del Espíritu Santo. No hagamos del Espíritu Santo, el gran desconocido. ¡Debemos de invocarlo sin cansancio todos los días!

El responsorio del Salmo 103 de este día nos da la clave para hacerlo: "¡Envía tu Espíritu, Señor, ¡y renueva la faz de la tierra!"

¡Te deseo que este domingo de Pentecostés, el Espíritu Santo se derrame abundantemente en tu vida!


¡Feliz domingo de Pentecostés!



Por Hugo Silva

Domingo 05 de junio de 2022