Domingo 4 de Octubre 2020

¿DAMOS FRUTOS COMO IGLESIA DE CRISTO?

Isaías 5, 1-7; Salmo 79; Filipenses 4:6-9; Mateo 21: 33-43


En la Primera lectura y en el Evangelio de este Domingo, tanto el profeta Isaías como el evangelista Mateo nos presentan la relación entre el viñador y la viña, y la importancia de que la viña produzca frutos. Así mismo el Salmo 79 nos dice como “la viña del Señor es la casa de Israel”.

El profeta Isaías, describe como el viñador (Dios) se esmera por hacer todo lo posible por cuidar de la viña (la casa y pueblo Israel), sin embargo esta viña no produce uvas dulces (es decir actos de derechos para la gente “mishpat” y justicia “tsedaqah”), sino uvas agrias (es decir asesinatos “mispah“ y lamentos “seaqah”).

En el Evangelio de Mateo se describe al Viñador (el Señor), los viñadores asesinos (son líderes “ingratos, infieles, rebeldes, perezosos y tramposos” del pueblo de Israel), los enviados por el dueño de la viña (los profetas) y como último recurso el dueño de la viña envió a su mismo hijo (Jesucristo) a los viñadores malvados.

Esta parábola nos recuerda la historia de la Salvación, a través de la cual Dios Padre en su inmenso amor por los seres humanos envía a su hijo único para perdonarles sus pecados y abrirles el paraíso, sin embargo Jesucristo no es reconocido como el Mesías, el Salvador e Hijo de Dios y es rechazado como sucedió con previos profetas enviados por Dios y más aún fue asesinado por el mismo pueblo de Israel. Jesucristo recibió un rechazo total siendo la piedra angular, la base de la construcción de la Nueva Jerusalén.

El rechazo que recibió Jesús es “fruto del pecado y de la incredulidad humana” Por lo que Dios dará la viña a un pueblo que sea fiel, dócil y acepte al Mesías. Sera “un pueblo mesiánico de la nueva alianza” que produzca frutos de amor, justicia y paz entre los hombres de Buena voluntad. Un pueblo que congregara no solo a judíos, mas también a paganos y gentiles que acepten de Corazón las enseñanzas de Jesucristo, la promuevan y la vivan.

Esta Parábola nos invita a reflexionar seriamente sobre varios puntos importantes que no podemos ignorar para dar fruto como Iglesia de Cristo:

  1. No podemos creernos dueños de lo que le pertenece únicamente a Dios como Amo y Señor y esto incluye la vida misma. Dios es el único que tiene la verdad absoluta, nosotros solo tenemos una verdad parcial y subjetiva. De ahí que la Iglesia Católica fiel a las enseñanzas de Jesucristo promueve la vida humana en todas sus etapas y nos enseña a ser respetuosos con las personas que piensan diferente a nosotros.

Dar frutos como Iglesia de Cristo significa que estamos llamados a no ser prepotentes y violentos con los que piensan diferente a nosotros y a respetar nuestra propia vida y la vida de los demás estando a favor de la vida y en contra del aborto y la Eutanasia.


  1. Dios nos llama a ser únicamente administradores de su tierra y lo que ella contiene para cuidarla, trabajarla y así poder dar fruto que alimente al cuerpo y sobre todo al alma.

Dar frutos como Iglesia de Cristo significa ser generosos con lo que Dios nos ha confiado para administrarlo y no ser tacaños, egoístas y clasistas con el prójimo especialmente con los que tienen poco o no tienen nada.


  1. Dios nos habla constantemente para que hagamos su voluntad, así mismo nos manda mensajeros para que rectifiquemos nuestro camino y volvamos a la senda de Dios para agradarle y salvarnos.

Dar frutos como Iglesia de Cristo significa no ignorar las palabras de Dios que nos dan vida, así mismo estamos llamados a no criticar y rechazar a los mensajeros de Dios que bien pueden ser nuestros papas, familiares y amigos que nos dan consejos para ser mejores personas; puede ser la homilía del sacerdote y/o diacono o puede ser el niño que pide que no seamos agresivos en casa y/o dejemos de tomar en exceso.


  1. Dios dueño de la viña confía en nuestros talentos y virtudes para ponerlos a trabajar por el reino de Dios.

Dar frutos como Iglesia de Cristo significa dejar a un lado la comodidad, la flojera y la mediocridad y por el contrario ser agradecidos por los dones y virtudes que Dios nos regala y usarlos con humildad, prudencia y generosidad para seguir construyendo en nuestra familia, nuestra comunidad y nuestra sociedad el respeto, la tolerancia, el dialogo, la justicia, la paz y sobre todo el amor entre sus miembros.


Para dar frutos como Iglesia de Cristo es necesario escuchar la exhortación que hace el Apóstol Pablo a los cristianos de Filipos (es la primera ciudad europea que el apóstol Pablo evangelizo y se localiza al norte de Grecia) a quien los invita a ofrecer sus dificultades y retos a Dios, a través de la oración y la súplica. De esta manera obtendrán la paz de Jesucristo y la protección de sus corazones y pensamientos. En verdad nosotros no podemos dar frutos como Iglesia de Cristo si no estamos llenos de Dios, de su paz y de su gracia.

Ofrezcamos esta Santa Eucaristía que recibiremos en la Santa Misa ya sea físicamente o espiritualmente y pidámosle a la Madre de Dios la Virgen María su intercesión y bendición para ser discípulos fieles y dóciles de Cristo y podamos dar frutos en abundancia para Gloria de Dios, para bien de su pueblo y para nuestra santificación.


Por Padre Nacho, CS